Este
jueves día 17 de mayo, el Instituto Valmayor recibirá la visita del
actor y dramaturgo Álvaro
Tato,miembro
fundador de la compañía Ron
Lalá. Nuestros
alumnos de 3º de ESO tendrán la oportunidad de acercarse al género
dramático de la mano de un autor cuyos
espectáculos han recibido
el elogio de la crítica y el público, tanto en sus
giras nacionales como
internacionales y
cuentan con docenas
de premios y distinciones, entre otros, el premio
Max al
“Mejor
Espectáculo Musical 2017” y el
premio
Max a
la “Mejor
empresa
de Artes Escénicas 2013”. Su más reciente espectáculo es Crimen
y telón (2017)
y, en coproducción con la Compañía Nacional de Teatro
Clásico, Cervantina (2016)
y En
un lugar del Quijote (2014).
Álvaro
Tato es
responsable de las versiones de La
dama duende , El
perro del hortelano
y El
alcalde de Zalamea (Compañía
Nacional de Teatro Clásico,
2015; candidato al Premio Max 2015 Mejor Versión/Adaptación
Teatral), circunstancia
que lo convierte en un gran conocedor del teatro clásico del Siglo
de Oro español. Los
alumnos de 3º de ESO han preparado diversos murales en torno a su figura ytendrán
la oportunidad de profundizar con él en los contenidos relacionados con la
literatura barroca, especialmente con el espectáculo teatral, para constatar, a través de su trabajo como actor y dramaturgo, que los
clásicos, Lope de Vega, Tirso o Calderón, siguen contando con el
favor del público gracias al trabajo de los nuevos autores.
Nuestro invitado ha escrito espectáculos como Nacida
sombra (2017;
dirección y coreografía de Rafaela Carrasco), Zarzuela
en danza (Teatro
de la Zarzuela, 2017; dirección y coreografía de Nuria
Castejón), Comedia
multimedia (2016;
dir. Yayo Cáceres), Ojos
de agua(2014,
con Charo López; dir. Yayo Cáceres) y El
intérprete (2013,
con Asier Etxeandía).
Por otra parte, además de su faceta como actor y dramaturgo, conoceremos a Álvaro Tato como poeta y autor también de teatro y narrativa. Ha publicado libros de poesía Vuelavoz (2017), Zarazas.
Coplas flamencas reunidas (2015), Gira (Premio
Internacional de Poesía Miguel Hernández 2011) y Cara
máscara (Premio
Hiperión de Poesía 2007), entre otros. Además, desarrolla la faceta docente impartiendo cursos
y talleres de Dramaturgia y Verso en el Máster en Creación
Teatral de la Universidad Carlos III de Madrid,
entre otros centros educativos.
Los alumnos y alumnas de 4ºESO B y C han realizado durante el mes de
abril un proyecto encaminado a descubrir y dar a conocer a las mujeres
de la generación del 27, a las que conocemos con el sobrenombre de "Las sinsombrero" gracias a la estupenda película documental de 2014 de Tania Balló.
Después de ver el documental han investigado sobre estas relevantes y desconocidas figuras de la Edad de Plata de la cultura española y han producido dos blogs donde dan a conocer el resultado de su trabajo.
Además han confeccionado una serie de carteles que incluían un código QR que conducía al blog. Estos carteles se han dispuesto en los pasillos del instituto para que el resto de sus compañeros puedan acercarse a su trabajo.
A continuación os dejamos la relación de ganadores de la última edición de nuestras "Metamorfosis", celebradas durante la Jornada cultural del pasado 27 de abril.
¡Enhorabuena a todos y gracias por participar!
1º ESO:Carmen Cobreros (1ºB), Salma Amaazoule (1ºB), Dunia
Villafañe (1ºA).
2º ESO:Alberto Broncano (2ºB), Gabriel López (2ºD), Raúl
Díez (2ºC) y Gonzalo Martín (2ºD).
3º ESO: 3ºC: David Eghianruwa, Claudia García-Caro, Sarah
Flores.
4º ESO: 4ºC: Alba Marco, Juanmi Pulgar, Carmela Carballo.
El pasado 26 de
abril, el poeta Escandar Algeet compartió sus versos con los alumnos de 4º de
ESO del IES Valmayor, que no sólo tuvieron la oportunidad de escucharle
recitar, sino también de trasladarle algunas preguntas sobre sus motivaciones
poéticas y vitales. “La magia de escribir es que cuando salga de ti tenga un
extraño sabor a ti mismo”.
Escandar ofreció una
selección de textos con los que pudimos comprobar cuáles son los temas que conforman
su imaginario poético. Sus reflexiones sobre la juventud, la educación, la
libertad, la familia o el amor se nos dibujan como un horizonte real, hecho
verso.
Inauguró el encuentro
con el poema “Dile a tu libertad que me
devuelva mis cadenas. Ya nos veremos en invierno”:
(…)
Yo
tenía que haber sembrado aire, creado refugios y cumplido sueños, tenía que haber inventado algo que no
fueran palabras, haber apostado con fe por la piel ajena, haber disparado
alguna vez contra mí mismo. Yo debería
haber sabido destilar con sudor el talento y el fuego con carbón. Debería
haberme manchado las manos, molido los ojos y partido la cara. Y tenía que
haber aprendido a bailar, ese acto mágico de la naturaleza.
Yo tenía que haber
criado poesías de amor que dieran su fruto, pero me quedé ensimismado regando
su muerte. Dejándola participar y herirme. Es la fiesta de la sangre y tú también
estás invitado, sólo tienes que perderte para llegar hasta aquí.
A través de los
versos de “Felices 20”, Escandar evocó
sus años de juventud veinteañera para reconocerse en continua búsqueda y
persecución:
(…)
Desde
mis treintaycero afirmo
con
la insolencia de llevar un sol en el pecho
que
seguimos llenos de curiosidad y dudas
que seguimos siguiendo
sentimientos
persiguiéndonos a
nosotros mismos
tras
la lógica absurda
nuestra
razón de emociones
tras la ebria edad sin
cura
nuestras
canciones de cuna contra el tiempo
nos
disculpen los señores en resumen
nosotros solo seguimos
queriendo.
Cuestionarse a sí mismo, cuestionar el mundo. El poeta nos habló de su
visión de la educación recitando el poema “Deseducado”:
Me educaron para ser el primero. Para convertir a los demás en segundos. En
últimos.
Me dijeron tienes que ser mejor. Que los otros. Me dieron números para que pudiera cuantificar
mis éxitos en sus fracasos.
Me instauraron la jerarquía como paradigma de la
responsabilidad. Y la burla para cualquier tipo de duda.
Y las dudas, me las enseñaron como signo de
debilidad. Tengo un dibujo de mí mismo lleno de cosas que
me dijeron.
Aprendo a desaprender: el hogar: la risa: el camino. Pero no hay hábito de silencio en este refugio. Subo la música a los problemas. Y ahora que me he visto desnudo poco a poco me desvisto.
Nos habló de lo
importante que han sido siempre las
mujeres en su vida, desde la infancia. A una de sus tías dedica el poema “Pandeniñas”, a dos
voces:
Soy la que se
levanta por el pan recién hecho
La que se despierta
con los niños cansados.
La que les mece el
recuerdo que ellos llamarán infancia. Olía a trigo mojado en su regazo;
En su oficio había un cariño callado, una cuna, muchas canas. Conozco el hambre
porque se lo quité a los míos.
Soy la que hace del
ayer torrijas, sopas de ajo, migajas.
Cantaba en voz baja las vueltas al fuego de la leche hirviendo pastillas de
chocolate.
Ellos tenían
cuchillos y pesadillas; yo, niños y pan caliente. Yo, amor y amo. La vida era el primer milagro que nadie contaba, pero ella partía el pan
con las manos. Tenéis que ser
fuertes y buenos, porque fuertes y buenas son las personas cuando aman.
Nadie lo llamará milagro, pero en mi infancia, ella partía el pan con las
manos y nos lo daba.
Una de nuestras alumnas de 4º de ESO pidió a Escandar que recitase “Un invierno sin Sol”, dedicado a otra
de las mujeres importantes de su vida. “Un invierno sin Sol”
(…)
Estas
son mis ruinas y esta es mi voz.
Un
paseo con vistas a los escombros.
Si
veis al amor por ahí, solo decidle que lo siento.
Que
el frío se ha hecho ciudad
y
yo, solo, he aprendido a quemarme.
Que
la poesía pague los destrozos
y
su recuerdo sea mi única migaja de calor.
Esta
es la historia de un derrumbamiento.
El
infierno hecho paisaje.
Mi
baile nupcial sobre el lodo.
Un
invierno sin sol.
“Fruto de tus raíces
eres semilla”.
Escandar nos explicó el origen de su nombre, heredado de su abuelo, fallecido
en Siria recientemente, recitando el poema “Padre
e hijo”, recogido en “La risa Fértil”.
Llevo su nombre y su
apellido, heredados de un país que no diré siento propio, pero sí cercano. Soy
el hijo que ve a su padre ser hijo por última vez. Refugiado en la mirada de
una distancia inabarcable, entiendo el dolor hasta sentirlo. También es mío. Me
pregunto hasta qué punto de ebullición puede compartirse el dolor. Hasta qué
punto de sutura puede unirnos. Hasta que punto suspensivo resiste el amor al
vacío, la ausencia lejana que llega hasta aquí para decirnos que no está, que
no estará cuando vaya.
Llevo su nombre y su apellido, la tierra seca de los dos sitios donde se
criaron los que me criaron, la mirada triste del que siempre mira lejos o hacia
abajo, el silencio de llorar por cansancio y distancia, la pregunta del en qué
fallé, la respuesta del abrazo y esta sensación de que tanta juventud se me
está yendo de las manos, se me están llenando de fantasmas los recuerdos, de
personas a las que no puedo ver para recordarlos.
Llevo su nombre y su apellido, y sus 93 años en los ojos del hijo que tuvo a
los veinticinco. Mi padre. Que coge el teléfono para contarme que está en la
tierra y que qué puede hacer. Que qué puede hacer, dice mi padre. Que qué puede
hacer. Si ya vino a construir la casa, curar el hambre y hacer la familia. Si
ya tragó en toneladas la distancia y cuando parecía el oasis vino la guerra. Si
se mira las manos encalladas de tanto azadón, pico y pala, y el sudor le gotea
de tanto sueño a cuestas y callado. Si por no tener no tiene ni lágrimas y aun
así insiste en la risa, en el no os preocupéis, en el no pasa nada.
Llevo su nombre y su apellido. Soy fruto de su raíz. Hijo del hijo. Doy
gracias. Por ese tejido que unieron madre y hermana, camino hecho, a medias, y
por hacer, jersey de lana, cuna de sueño, doy gracias por este presente, regalo
y tiempo, el aire respirado de soplar juntos y crear el viento, la huella, el
presagio.
Llevo su nombre y su apellido. Es 20 de octubre del 2016. Me llamo
Escandar Algeet. Y estoy vivo.
Nuestro invitado cerró su
recital con un texto dedicado a su madre, de la que, entre muchas otras cosas,
aprendió a sobrevivir:
¿Cómo se sacan las castañas del fuego?
A los 17 mi madre vio que me iba de casa,
así que un día me cogió por banda
y me enseñó a freír un huevo.
Yo apenas había vivido más allá de las 3 calles de
Palencia,
tenía un caudal de sueños por achicar
y un semáforo en rojo en la cuenta atrás de ponerse en
verde.
Acababa de amanecer un nuevo siglo,
la gente de clase hacía pellas repartiendo cartas de universidad
y la castañera de la calle mayor
mientras
seguía dándole vueltas al frío.
Preocupada, intuyo, por el qué iba a comer y cómo,
mi madre
me enseñó a cocer pasta,
a cortar lechuga
y picar ajo para darle sabor al cerdo.
Y una tarde; como ya he dicho,
me cogió por banda
y me enseñó a freír un huevo.
Yo estaba en segundo de bachillerato
y lo único que me preocupaba
(no he cambiado tanto)
eran las chicas, el cine y la poesía
y en ese desorden
coleccionaba pósters pensando en cómo sería mi vida.
Pero mi madre,
tímida, preocupada y repleta de ternura,
insistía:
llenaba una sartén de aceite,
lo calentaba
y con los ojos me decía: aunque te quemes, tienes que
ser fuerte.
Así aprendí a romper la cáscara,
a poner dos huevos sobre la mesa
y a sobrevivir en este mundo de mierda
que tanto me gusta tantas veces.
Cuando alguien me pregunta
¿cómo se sacan las castañas del fuego?
respondo
lo que aprendí viendo en las manos quemadas de mi
madre:
quemándote
para que así otros,
los tuyos,
no se quemen.
Escandar Algeet nació
en Palencia (España) en 1984. A los dieciocho años marchó a Ponferrada para
estudiar cine en una escuela desaparecida actualmente. Tres años después se
traslada a Madrid, donde desempeñó diferentes oficios para sobrevivir, entró en
contacto con tertulias poéticas, estudió guion y un ciclo formativo de
producción audiovisual. En 2009 apareció su primer poemario, Alas de mar y
prosa, centrado en su entorno más próximo; al que seguirán Un invierno sin Sol; Tres tristes trastes (2015); Ojalá
joder (2015); Y toda esa mierda (2015); todos ellos editados por
'Ya lo dijo Casimiro Parker'. Su último libro de poemas se titula La risa
fértil (2017).
En el transcurso de la jornada cultural del IES Valmayor, celebrada el pasado viernes 27 de abril, el Departamento de Lengua dio a conocer los nombres de los ganadores y finalistas del concurso de micorrelatos.
Aquí podéis leer lostextos premiados. ¡Enhorabuena a todos y gracias por participar!
GANADOR 1º DE ESO
Marc González. 1º D, por "Muerte inoportuna"
Por fin se le ocurrió un microrrelato, pero se murió y no le dio tiempo a escribirlo.
GANADOR DE 2º DE ESO.
Gonzalo Martín Valverde, 2º D, por "Somos mejores amigo, ¿no?"
Cuando yo tenía fama, mi mejor amigo estaba ahí; cuando tenía dinero, mi mejor amigo estaba ahí; cuando estaba contento, mi mejor amigo estaba ahí; cuando estaba rodeado de gente, mi mejor amigo estaba ahí.
Cuando yo lloraba, mi mejor amigo no estaba ahí; cuando estaba solo, mi mejor amigo no estaba ahí; cuando no tuve dinero, mi mejor amigo no estaba ahí. Cuando me apuñalaron, mi mejor amigo sostenía el puñal.
GANADOR DE 3º DE ESO.
Diego Sánchez, de 3º B, por"El despertar"
Érase una vez un niño que despertaba en un hermoso bosque. Era un bosque magnífico, luminoso, y el canto de los pájaro inundaba el ambiente. De repente, todo se volvió oscuro. Los árboles se derritieron ante sus ojos, los pájaros desaparecieron y el cielo adoptó un color negro, pero lo más importante, el silencio. Todo era tan incómodo y tenebroso, que quiso despertar otra vez.
Érase un niño que despertaba en una ruidosa ciudad. Era una ciudad acogedora, ruidosa y el claxon de los coches inundaba el ambiente. De repente, todo se volvió oscuro. Los altos edificios se derrumbaron ante sus ojos, los coches desaparecieron sin dejar rastro, y el cielo tomó un color negro, pero lo más destacable, el silencio. Todo era tan silencioso y oscuro, que quiso despertar otra vez.
Érase una vez un niño que despertaba en y un oscuro y silencioso lugar y el terror y la incomodidad dominaron su cuerpo. De repente, todo se volvió luminoso y el sonido de su despertador inundó el ambiente y las paredes y el techo de su habitación comenzaron a tomar forma, pero lo más importante, el ruido. Y es que, por una vez, el sonido de su despertador no le pareció tan horrible.
GANADORA DE 4º DE ESO.
Andrea Puente Delgado, por "No hay vuelta atrás"
Los gritos de las personas me aterraban; podía sentir su sufrimiento, su miedo, su angustia. Cada paso que daba me producía el mismo dolor que cien agujas clavándose en mi estómago. Mi cuerpo me advertía, me decía que no siguiera, que parara, pero había algo que me atraía hacia ese lugar.
Hoy en día sigo arrepentida de no haberme detenido, de no haberme dado la vuelta cuando aún tenía la oportunidad. Desde ese día, no paro de repetir la misma frase: "Nunca volveré al parque de atracciones".
GANADORA DE 1º DE BACHILLERATO.
María Partida González, por "Un mundo lleno de ideas"
La verdad es que no se me da muy bien. Sinceramente, no sé ni por dónde empezar. Empezaré por el principio, diré que me encantaría tener esa cualidad que todos tienen. Esa capacidad de coger un boli, el portátil o, simplemente, un lápiz y empezar a escribir. Desahogarme. Exprimir mi imaginación y todas mis ideas y terminar con una novela fantástica, un fascinante poema o, incluso, un texto argumentativo sobre por qué las mujeres deseamos la igualdad.
Me limito a decir que tampoco practico mucho para desarrollar esta capacidad. Sin embargo, estoy llegando al final de este soneto, ¡espera!, eso se lo dejo a Lope de Vega.
FINALISTAS DE 1º DE ESO
"Dentro del armario", de Almudena Lomba
Detrás de las sábanas de su cama había un monstruo aterrorizado, ¡pues tenía miedo de que de su armario saliera un niño! Entonces, encendió una lamparita y se quedó dormido soñando con diablillos.
Martína Curbelo (1º D)
Érase una vez un guisante y una calabaza. El guisante estaba harto de ser pequeño, así que llamó al conejo blanco para que le diera una poción para empequeñecer y otra para aumentar. El guisante se tomó la de aumentar y la calabaza, la de empequeñecer. Pero, de repente, ¡el guisante se había convertido en calabaza! ¡La calabaza se ha convertido en guisante!
Y, colorín colorado, este cuento ha vuelto a empezar.
"Lápiz", de Elena Gamella (1º D)
Ese lápiz, nuevo y especial con el que puedes repetir esto una y otra vez, porque no sale nada, pero sale todo.
"Bella durmiente", de Fátima Aharram (1º D)
Bella durmiente que durmió cien años porque a las 8 horas comprendió que no había puesto el despertador.
Zaynab Maussa
Nosotros siempre dormimos, nos despertamos, volvemos a dormir y, así, para toda la vida. Pero llega un momento en el que dormimos para siempre y no sé si, después de tanto tiempo, se me habrá podrido el desayuno.
FINALISTAS DE 2º DE ESO
"Marchito", de Gabriel López Mata (2ºD)
Mi padre me dijo: "Aprovecha la vida". Y aquí estoy marchitándome, solo y sin vida.
Miriam Hervás (2º C)
Vi a un conejo entrando en su madriguera; quise imitar a Alicia e intenté entrar de un salto, pero lo único que conseguí fue darme un buen culetazo y teñirme los vaqueros blancos. ¡Qué envidia me da Alicia!
Mi amiga, por Fátima El Yousfi (2º D)
Papá, mi amiga María no se cree que tú me despiertas cada mañana, me prepares el desayuno, me ayudes a vestirme y peinarme. Solo se cree que me traes al cole porque te ha visto. También dice que miento cuando aseguro que mamá se queda en la cama.
María me dice que su padre siempre grita a su madre y que cierran la puerta de la habitación para que no los oiga. Según María, su padre nunca ayuda en casa y su madre siempre está llorando. Dice que es torpe porque suele tener accidentes domésticos que le dejan marca.
¡Qué extraño es lo que me cuenta! ¿Sabes, papá? Yo creo que mi amiga María me miente. Creo que su madre sufre maltrato por parte de su padre.
FINALISTA 3º DE ESO
"La vida de un chicle", de Víctor Fernández (3º A)
Yo soy un chicle; lo paso mal en mi vida. Primero me compran; estoy protegido por un envoltorio. Ese envoltorio lo rompen y me meten en un hueco oscuro, profundo y con pincho. Después de un rato se me va acabando la vida y me tiran a la papelera entre basura o al suelo, donde estoy pisado o maltratado.
FINALISTA 1º DE BACHILLERATO
"No hay más ciego que el que no quiere ver", por Antonio J. G. R. (1º B)
Tuve un día nefasto; me eché a descansar, a ver si me podía olvidar de todo. Tenía tanta hambre que me olvidaba del mundo; era de noche y mi padre no volvía, pero me daba igual. Mi madre hizo una estupenda cena (costillas, solomillo...). Había tanta carne que no podía más... Y mi padre no volvió.